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La escalada como expresión del ser (o por qué escalar también es un acto artístico)

El arte no vive solo en los museos

Hay una idea que me ha acompañado desde que empecé a escalar: que el arte no ocurre solo frente a un lienzo o en un escenario. Ocurre también en una pared de roca.

Cuando alguien se mueve por una vía con intención, con presencia, con algo que podríamos llamar estilo, está expresando algo. No siempre con palabras. No siempre de forma consciente. Pero está dejando una huella de sí mismo en cada movimiento.

La escalada, en ese sentido, es una forma de arte. O al menos, puede serlo.

El cuerpo como instrumento

En la danza, el cuerpo es el instrumento. En la música, los dedos sobre una cuerda. En la escalada, el cuerpo entero —dedos, pies, cadera, respiración, mirada— se convierte en el medio a través del cual uno se comunica con la pared.

Cada escalador tiene un estilo. Una forma de leer la roca. Una tendencia a preferir ciertos movimientos, a evitar otros. Esa singularidad no es un accidente: es una expresión de quién eres.

Alguien que escala con urgencia, con fuerza, que no se detiene a dudar, nos dice algo de sí mismo. Alguien que busca el equilibrio, que prefiere la fluidez, que siente cada presa antes de confiar en ella, también lo hace.

La escalada como espejo

Psicológicamente, la escalada funciona como un espejo. Lo que hacemos en la pared tiende a reflejar lo que hacemos en la vida.

¿Escalas con prisas? ¿Con miedo a equivocarte? ¿Con necesidad de controlarlo todo? ¿O puedes soltar, improvisar, confiar en tu cuerpo incluso cuando no estás segura del siguiente movimiento?

Estas preguntas no tienen respuestas correctas. Pero sí tienen mucho que contarnos sobre cómo nos relacionamos con la incertidumbre, con el error, con nosotros mismos.

No hace falta escalar difícil para expresarse

Una de las cosas que más me gusta de entender la escalada como expresión es que desplaza el foco del rendimiento hacia la presencia.

No importa el grado. Importa cómo estás en la pared.

Una persona que escala un 4a con plena atención, disfrutando de cada movimiento, sintiendo el contacto con la roca, está teniendo una experiencia igual de rica —o más— que alguien que se machaca un 8a sin estar realmente presente.

La expresión no requiere virtuosismo. Requiere autenticidad.

Lo que se pierde cuando el miedo toma el mando

El miedo —cuando se convierte en protagonista— silencia esa expresión. Cuando estamos en modo supervivencia, el cuerpo deja de ser un instrumento y se convierte en un problema a resolver.

La tensión se instala. Los movimientos se vuelven rígidos. Dejamos de leer la roca y empezamos a pelear con ella.

En esos momentos, ya no estamos escalando desde lo que somos. Estamos escalando desde lo que tememos.

Trabajar con el miedo en la escalada no es solo una cuestión de rendimiento. Es también una forma de recuperar esa capacidad expresiva. De volver a habitar el propio cuerpo con un poco más de libertad.

Una invitación

La próxima vez que estés en la pared, prueba esto: en lugar de preguntarte cómo vas a superar el siguiente movimiento, pregúntate cómo quieres moverte.

No como técnica. Como intención.

Puede que descubras algo sobre ti que no sabías que estabas expresando.


Sol — Psicóloga General Sanitaria · Psicología del Deporte · Terapia Breve Estratégica
Consulta online y presencial en Cataluña
www.solgiadorou.com

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