Los 3 miedos más comunes entre escaladores (y qué hay detrás de cada uno)

Si llevas un tiempo escalando, es probable que te hayas encontrado con alguno de estos momentos:

El pie busca el siguiente peldaño y algo en ti dice para. La cuerda está bien, el seguro está bien, tu compañero está bien — y aun así, no puedes moverte. O sí puedes moverte, pero cada vez que piensas en la próxima salida algo en el pecho se aprieta antes incluso de llegar a la roca.

En consulta y en el curso escucho versiones de esto constantemente. Y aunque cada persona es única, hay tres miedos que aparecen una y otra vez. Reconocerlos es el primer paso para poder trabajarlos.


1. El miedo a la caída — pero ¿a qué parte exactamente?

El miedo a caer es el más común, pero cuando rascas un poco aparece una distinción que cambia todo el trabajo posterior.

Hay escaladores que tienen miedo al impacto. A golpearse contra la roca, contra el suelo, a hacerse daño de verdad. Es un miedo muy visual, muy concreto — la mente genera imágenes de lo que podría pasar en el peor escenario. Aunque la ruta esté bien equipada y la caída sea limpia, el sistema nervioso está procesando una amenaza física real.

Y hay escaladores que tienen miedo a la sensación de caer en sí misma. Ese instante de vuelo, el vacío, la sensación de montaña rusa que se dispara en el estómago. No es miedo a hacerse daño — es miedo a pasarla mal. A esa fracción de segundo de pérdida de control sobre el propio cuerpo.

Son dos cosas diferentes, y se trabajan de forma diferente. El primero necesita, entre otras cosas, construir evidencia de seguridad real — rutas bien equipadas, recepción de caída, confianza en quien asegura. El segundo tiene más que ver con la tolerancia a la activación física y con aprender a relacionarse con esa sensación sin que se convierta en una amenaza.

¿En cuál te reconoces?


2. El bloqueo a media vía — quedarse entre dos cintas sin poder seguir ni bajar

Este es uno de los que más angustia genera, porque llega en el peor momento posible: cuando ya estás arriba.

No es exactamente miedo a caer. Es algo más parecido al pánico a quedarse atrapada en la incertidumbre. Estás entre dos puntos de seguro, el siguiente está lejos, bajar tampoco parece una opción, y el cuerpo entra en modo paralización. Los brazos se tensan, las piernas tiemblan, la mente deja de buscar soluciones y empieza a buscar salidas de emergencia que no existen.

Lo que hay detrás de este bloqueo casi siempre es una combinación de cosas: activación fisiológica muy alta, pensamientos catastróficos que se aceleran, y la sensación de haber perdido el control de la situación. El problema no es la vía — es que el sistema nervioso ha tomado el mando y ha desconectado la parte que sabe escalar.

Trabajar esto implica entender qué dispara el bloqueo específicamente en cada persona, y construir recursos para que en ese momento haya algo a lo que agarrarse además de la roca.


3. El miedo a perder el control

Este es quizás el más silencioso de los tres, porque no siempre se presenta como miedo. A veces aparece como necesidad de controlarlo todo: revisar el nudo diez veces, no poder delegar la seguridad en el compañero, necesitar tener siempre el siguiente movimiento calculado antes de hacerlo.

Otras veces aparece como evitación: elegir siempre rutas muy por debajo del nivel real, no intentar proyectos, no volar nunca aunque se podría.

En el fondo, lo que hay es una relación difícil con la incertidumbre. Y la escalada, por su propia naturaleza, es un deporte donde la incertidumbre es inevitable. No puedes controlarlo todo. Puedes prepararte, puedes tomar buenas decisiones, pero en algún momento tienes que soltar.

Aprender a soltar sin que eso se sienta como una amenaza es, muchas veces, el trabajo central.


El reconocimiento es el principio

Si mientras leías alguno de estos tres te has dicho eso es exactamente lo que me pasa, ya tienes algo muy valioso: nombre para lo que sientes. Y cuando algo tiene nombre, se puede trabajar.

En la siguiente entrada vamos a hablar de qué funciona — y qué no — a la hora de gestionar estos miedos. Porque hay muchas cosas que se intentan con buena intención y que, sin saberlo, alimentan el problema en lugar de resolverlo.

Si sientes que ya quieres empezar a trabajarlo, puedes encontrarme en consulta online o presencial en Cataluña, o apuntarte al curso de gestión del miedo en escalada.

Nos vemos en el siguiente post.

Sol


Psicóloga General Sanitaria · Psicología del Deporte · Terapia Breve Estratégica
Consulta online y presencial en Cataluña
www.solgiadorou.com


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