Qué es el miedo anticipatorio en escalada y por qué no es “imaginado” — aunque todavía no estés en la pared.
Hay un tipo de miedo en escalada que muy poca gente nombra correctamente. Más que un “tipo”, es un mecanismo. Y el problema es minimizarlo.
No es el que sientes en el momento de caer, ni el que aparece cuando estás haciendo lo que más te asusta. Es el que llega antes. Mucho antes. Cuando todavía estás en casa, en la furgoneta, o simplemente cuando el viernes por la noche alguien dice “mañana vamos a escalar.”
Se llama miedo anticipatorio. Y es tan real como cualquier otro miedo.
No es inventado. Es anticipado.
Hay una confusión muy común con este tipo de miedo, y es importante deshacerla.
Cuando el malestar aparece antes de que ocurra nada — antes de llegar al sector, antes de ponerte el arnés, antes incluso de salir de casa — es fácil decirse: “es que me lo estoy imaginando. No está pasando nada todavía. Estoy exagerando.”
Y esa frase, aunque parece razonable, es uno de los mayores obstáculos para resolverlo.
Porque el miedo anticipatorio no es imaginado. Es anticipado. Y eso es muy diferente.
Tu sistema nervioso tiene un cartel de peligro en la “puerta de la casa” para que cuando lo veamos no entremos. Si pienso que tengo que entrar, este mecanismo me va a dar más y más sensaciones desagradables — no apela a la parte racional, apela a la emoción pura y dura, directo a la amígdala, a que se ericen los pelos del brazo, a que se tensen los músculos, a que el corazón se acelere, la boca pastosa, astringente, seca. ¿Te ha pasado?
Cuando la mente empieza a proyectar hacia el día siguiente — la ruta, la chapa, el momento donde siempre te bloqueas — se activa la alarma. Se libera adrenalina. El corazón se acelera. El estómago se tensa. El cuerpo responde como si ya estuviera ahí.
Eso no es imaginación. Es fisiología.
El malestar es real. Y puede ser invalidante.
Una de las cosas que más escucho en consulta es esto: “Sé que es una tontería, pero no puedo evitarlo.”
No es una tontería. Y el hecho de que sepas racionalmente que no hay peligro en ese momento no cambia lo que siente el cuerpo.
El miedo anticipatorio puede aparecer de muchas formas: tensión en el pecho el día antes, dificultad para dormir la noche previa a una salida, nerviosismo en la furgoneta que va aumentando a medida que os acercáis al sector, pensamientos que se aceleran repasando lo que podría salir mal.
Y en los casos más intensos, puede volverse invalidante: llevarte a cancelar salidas, a evitar comprometerte con planes, a perder la ilusión por algo que antes te encantaba.
“Ya no disfrutaba ni al pie de vía. El miedo empezaba en casa el viernes por la noche.”
— Juliana, paciente
No había ninguna amenaza real en su salón el viernes por la noche. Pero su sistema nervioso ya estaba en marcha.
El problema de llamarlo “imaginado”
Aquí está la trampa.
Cuando alguien — tú mismo, tu pareja, un amigo, incluso un profesional — dice “es que te lo estás imaginando”, lo que parece un intento de tranquilizar en realidad alimenta el problema.
¿Por qué? Porque si el miedo es imaginado, la solución lógica es dejar de imaginarlo. Controlarlo. Pensarlo de otra manera. Decirte que no pasa nada.
Y eso — intentar controlar lo que sientes a través de la razón — es exactamente uno de los mecanismos que mantiene vivo el miedo anticipatorio. Le estás pidiendo a la mente que resuelva algo que está ocurriendo en el cuerpo.
Además, llamarlo imaginado es una forma de no tomarlo en serio. Y cuando no te tomas en serio lo que sientes, el autoengaño crece. Te convences de que puedes con ello, de que mañana será diferente, de que si te esfuerzas lo suficiente desaparecerá. Y mientras te lo repites, el miedo sigue creciendo.
Qué hace que el miedo anticipatorio aumente con el tiempo
El miedo anticipatorio no aparece de golpe. Crece.
Empieza siendo algo pequeño — un poco de nerviosismo el día antes, que pasa en cuanto llegas al sector y escalas. No parece un problema. Total, luego está bien.
Pero cada vez que el sistema nervioso se activa en anticipación, y cada vez que haces algo para aliviar ese malestar — distraerte, evitar pensar en ello, cancelar la salida, decirte que no es nada — le estás enseñando algo: que había razón para activarse.
Y la próxima vez se activa antes. Con más intensidad. Es el mismo mecanismo que hace que el miedo en la pared crezca cuando lo evitas. Solo que aquí ocurre antes de llegar a la roca.
Reconocerlo es el primer paso
Si mientras lees esto estás pensando “esto es exactamente lo que me pasa”, ya tienes algo muy valioso: un nombre para lo que sientes.
El miedo anticipatorio en escalada es tratable. No con fuerza de voluntad, no convenciéndote de que no es para tanto, no ignorándolo hasta que pase.
Sino entendiéndolo. Viendo qué lo activa, qué lo mantiene vivo, y qué tipo de aprendizaje necesita tu sistema nervioso para que la anticipación deje de ser una amenaza.
Ese es exactamente el trabajo que hacemos en consulta y en el curso de gestión del miedo en escalada. Si sientes que es el momento de abordarlo, puedes encontrarme en la web.
Sol Giadorou
Psicóloga General Sanitaria · Psicología del Deporte · Terapia Breve Estratégica
Especializada en Escalada y Gestión del Miedo